Algunos logos y símbolos se crean en los grandes estudios de diseño. Otros, hijos de la necesidad, nacen en la calle y el barro.

Hoy quiero contarte una historia de comunicación política, sobre cómo la sandía se convirtió en símbolo de la lucha palestina.

La historia comienza en el año 1967, en el marco de la Guerra Árabe-Israelí, también conocida como Guerra de los Seis Días. Luego de este conflicto bélico, el ejército israelí realizó la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza, territorios que conforman Palestina. Las autoridades israelíes, rápidamente buscaron silenciar el conflicto prohibiendo la utilización de la bandera palestina en espacios públicos.

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“¿Cómo expresarse?”

Siendo un delito utilizar la bandera, la resistencia palestina encontró en la sandía el mejor símbolo para expresarse.

Rojo, verde, blanco y negro, los colores de la sandía (que dicho sea de paso, se cultivó y consumió durante siglos en estos territorios) son exactamente los mismos de la prohibida bandera palestina.

La creatividad se filtró entre la censura. El arte, una vez más, se burlaba de la política.

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¿De verdad usaron una sandía?

Sí, fue brillante.

La sandía sin dudas que cerraba por todos lados.

El verde de la cáscara, la franja blanca, la pulpa roja y sus negras semillas coincidían con la bandera. La presencia en los hogares era común y estaba esparcida por todo el territorio. Como fruta es deliciosa, dulce y refrescante; como acto de rebeldía es perfecta.

Quizás se puede prohibir una bandera, pero es imposible luchar contra una fruta.

Para quienes conocían el código, esa sandía representaba la identidad de un pueblo. Storytelling político en su máxima potencia.

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La viralidad de un buen símbolo

Comunicar una identidad sin necesidad de decirlo.

Mantener los lazos de una comunidad a partir de un código secreto.

Crear una campaña que no puede ser censurada.

El desafío y lo prohibido se vuelven viral.

El branding al servicio de la libertad de expresión.

La sandía como símbolo de resistencia.

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Las lecciones que aprendimos

El arte y una buena idea pueden superar barreras comunicacionales. Sin necesidad de utilizar gran cantidad de palabras, un símbolo puede comunicar sentido para quienes comparten el significado del mismo.

A su vez, toda comunicación estructurada desde un nosotros, refuerza el sentido de pertenencia y el compromiso con el mismo. Pocos símbolos tienen tanto poder y significado para un pueblo como su bandera.

Por último, la facilidad de reproducir una identidad y poder apropiarse de la misma es un ingrediente clave para su viralidad.

A veces, las causas más grandes se esconden en los símbolos más simples.

Puede ser una fruta, una seña, un saludo, un color o quizás una canción, lo importante no es gritar más fuerte, sino comunicar mejor.

 Espero que te haya gustado esta historia de comunicación política y branding. Marketing político en su estado más puro.

¿Ya tenés ese símbolo que te identifica y nuclea a tu gente? ¿Lo encontramos juntos?

Luis Monti

Director de Made in Córdoba – Estratega en marketing, branding y narrativa política

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