Adam Mosseri, CEO de Instagram, explicó que era momento de actualizarlo y lo definió como “más limpio y moderno”, manteniendo referencias al original y a la simplicidad y el trabajo artesanal que históricamente formaron parte de la identidad de Instagram.
El cambio, además, no se limita al wordmark. Forma parte de una renovación más amplia de la identidad visual, que incluye nuevas tipografías como Instagram Pen e Instagram Mono y busca poner en el centro la creatividad y la expresión personal de su comunidad.
Hasta acá, podríamos hablar simplemente de un refresh de marca. Pero hay algo que nos interesa más.
¿Y si esa búsqueda de una estética más limpia y simple también nos estuviera dando una pista sobre el tipo de contenido que Instagram quiere que produzcamos?
Instagram ya no es la red social de fotos que conocimos hace diez años. Hoy conviven en la plataforma videos, recomendaciones, creadores, mensajes, marcas y una cantidad enorme de contenido que compite permanentemente por nuestra atención.
Y en ese contexto hay una tendencia que resulta interesante observar: algunas de las piezas que consiguen destacarse en los feeds son extremadamente simples. Una frase corta, una tipografía grande, un fondo pleno y poco más. Incluso estamos viendo circular con mucha fuerza placas que llevan esta lógica al extremo: letras grandes y claras y una sola idea como protagonista.
No significa que Instagram haya decidido que “las placas con letras amarillas funcionan”. Tampoco que haya que salir corriendo a copiar esa estética.
Lo interesante es la coincidencia.
Instagram habla de una identidad más limpia y moderna mientras empezamos a ver contenidos que también reducen el ruido visual para conseguir atención.
Quizás sea una casualidad. Quizás sea una señal de algo más. Todavía es pronto para saberlo.
Pero hay una idea que sí parece bastante clara: en un feed donde todo compite por unos pocos segundos, hacer que una idea se entienda rápido puede ser más importante que agregar recursos para llamar la atención.
Y acá aparece una paradoja. Mientras Instagram parece avanzar hacia una identidad más limpia, las herramientas de inteligencia artificial están haciendo cada vez más fácil producir piezas visualmente complejas y cargadas.
Hoy podemos pedirle a una herramienta que genere en segundos una placa con personas, objetos, fondos, efectos, texturas, ilustraciones y todo tipo de recursos.
La posibilidad es enorme. Pero también aparece una tentación: porque podemos agregar algo, sentimos que tenemos que agregarlo.
Y ahí puede estar el problema, la facilidad para producir imágenes con IA puede estar llevándonos justamente en la dirección contraria a la que Instagram parece estar buscando.
No porque la IA sea un problema en sí misma, sino porque dejamos que la herramienta tome decisiones que deberían seguir siendo nuestras: qué queremos decir, qué necesita realmente la pieza y qué podemos sacar.
Una imagen puede ser técnicamente impresionante y, al mismo tiempo, hacer más difícil encontrar la idea que queremos comunicar.
Por eso, quizás hoy tengamos que volver a una pregunta bastante básica:
¿Qué queremos decir? Antes de pensar cómo se va a ver.
Esto no quiere decir que todas las marcas tengan que empezar a publicar placas minimalistas ni que la complejidad visual haya dejado de funcionar.
La cuestión no es copiar una estética, sino entender qué puede haber detrás de ella.
Una pieza simple puede funcionar porque tiene una idea fuerte, porque se entiende rápido o porque genera identificación.
La simplicidad, por sí sola, no resuelve una estrategia de contenidos, la claridad sí puede hacerlo. Esta es una buena oportunidad para revisar cómo estamos creando contenido, debemos ejercitar el criterio de saber qué mostrar y qué dejar afuera, sin perder lo que queremos decir.
Porque si la dirección que está tomando Instagram es realmente esa, el desafío no va a ser adaptarnos a una nueva estética, va a ser aprender a comunicar con menos ruido.
Y en Made in Córdoba estamos listos para eso.
Giuliana Di Martino
Coordinadora del área de comunicación.
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