El miércoles 27 de mayo, Alpine confirmó oficialmente que Gucci será su patrocinador principal a partir de la temporada 2027. El equipo pasará a llamarse “Gucci Racing Alpine Formula One Team”. Los colores azul y rosa de BWT (su sponsor actual) serán reemplazados por los de la casa italiana y las redes están explotando imaginando el nuevo diseño.
Es la primera vez en la historia que una marca de moda de lujo asume el rol de title sponsor externo en la F1. El antecedente más cercano es Benetton, cuando la familia dueña de la marca italiana de ropa, entre 1986 y 2001 no solo patrocinó sino que directamente operó su propio equipo, ganando dos mundiales con Schumacher en 1994 y 1995. Curiosamente, ese mismo equipo vendido a Renault en 2001 es el que hoy se llama Alpine, el equipo al que Gucci acaba de llegar. Y no es solo un logo en el alerón. No es una colaboración de colección limitada. Es poner el nombre de Gucci en el nombre del equipo en el que corre Franco Colapinto.
Gucci va a ser la marca de ropa más aspiracional del mundo.
El timing del anuncio no es casualidad. Casi nada en el marketing de alto nivel lo es. Alpine viene de su mejor arranque histórico en la F1, actualmente quinto en el campeonato de constructores. Franco Colapinto acaba de lograr su mejor resultado personal con un sexto puesto en Canadá. Y el anuncio se hace exactamente una semana antes del comienzo de la temporada europea, con el GP de Mónaco como primera fecha.
Si ibas a anunciar que una de las marcas más aspiracionales del mundo entra al deporte más aspiracional del mundo, este era el momento. Y el lugar era este.
El contexto del anuncio — todo alineado
Kimi Räikkönen estaba liderando el Gran Premio de Mónaco 2006 cuando su McLaren sufrió un problema hidráulico en el pit lane y tuvo que abandonar.
Hasta ahí, una historia de mala suerte. Lo que pasó después es lo que lo convirtió en leyenda y le valió el apodo de “iceman” (el hombre de hielo).
Räikkönen caminó hasta el puerto de Mónaco, subió a su yate, se sirvió un whisky y desapareció. Su manager tuvo que buscarlo durante horas. Cuando le preguntaron qué había pasado, respondió con la indiferencia que lo caracterizaba: “Tuve un problema con el auto.”
Nadie recuerda quién ganó ese Gran Premio de Mónaco. Todos recuerdan el yate de Räikkönen.
Esa anécdota dice todo sobre Mónaco y sobre lo que la Fórmula 1 siempre fue en ese circuito: no solo una carrera, sino un escenario. Un lugar donde el glamour compite y se combina con la velocidad.
Veinte años después, este escenario es el contexto del anuncio más esperado: Gucci entra a la Fórmula 1.
Para entender por qué Gucci hace este movimiento, hay que entender primero lo que la F1 hizo con su propia marca en los últimos diez años.
En 2017, Liberty Media compra la Fórmula 1. El diagnóstico era claro: un deporte con audiencia envejecida, público de nicho y cero capacidad de generar nuevos fanáticos. La solución que encontraron no tuvo nada que ver con las carreras.
Abrieron las puertas a Netflix y crearon un show.
Drive to Survive no contó la F1. Contó a las personas detrás de la F1. Los conflictos entre pilotos, las presiones dentro de los equipos, las decisiones imposibles que se toman en segundos. Convirtió a los ingenieros en personajes, a los directivos en villanos y a los pilotos en héroes.
El punto de inflexión de la Fórmula 1 no ocurrió en un Gran Premio, fue en las oficinas de Netflix.
El resultado fue extraordinario: un negocio con ingresos por 4.000 millones de dólares.
La audiencia femenina pasó del 8% a más del 40%. Los menores de 35 años ya representan casi la mitad de la audiencia. Pero más allá de esos números fríos, hay que entender el perfil de quien está detrás: joven, con ingresos por encima del promedio, alta afinidad hacia tecnología, viajes y productos premium. Es exactamente la audiencia que las marcas de lujo llevan décadas intentando alcanzar.
La F1 construyó, sin querer, el contexto perfecto para el lujo. Y Gucci lo entendió.
La Fórmula 1 para crecer no necesitaba mejores autos. Necesitaba una historia que contar y mejores personajes.
A los fanáticos nos interesa la telemetría, el DRS, la aerodinámica activa y el alerón Macarena. Pero al público masivo no. La gente se engancha con las personas. Con el piloto que dice lo que piensa en la radio. Con el que se ríe en la conferencia de prensa. Con el que tiene vida fuera de la pista y no tiene miedo de mostrarlo.
Franco Colapinto es ese piloto. El pibe que nació en Pilar, provincia de Buenos Aires, hace 23 años y cada fin de semana nos regala su constante sonrisa, su humor y la postal con el mate.
Es el personaje opuesto al piloto frío y técnico que tenía la Formula 1. Llegó con personalidad propia y una naturalidad frente a la cámara que no se enseña en ninguna academia. En lugar de responder con el cassette, Colapinto dice lo que se le ocurre y se ríe de sí mismo. Y eso vende.
El resultado es visible: una generación entera de argentinos que nunca había visto una carrera completa empezó a madrugar los domingos. Las redes sociales de la Formula 1 y los equipos no paran de incrementar seguidores e interacción; hasta Messi se acercó al Gran Premio de Miami para ser parte de esta movida.
En marketing, esto representa un punto de entrada a nuevos públicos. Lo que Gucci está buscando: llegar a una audiencia más jóven, diversa y global.
Colapinto + Gucci: perdón que me emocione, pero es una movida de marketing perfecta.
La F1, Gucci, Mónaco y Colapinto son protagonistas de esta historia. Pero la lección no es sobre automovilismo ni sobre moda de lujo.
Es sobre marketing, y lo importante es que son lecciones que cualquier marca, de cualquier tamaño, puede aplicar.
1. Las buenas historias construyen audiencias
La F1 no creció porque mejoró el producto. Creció porque contó mejor su historia. Drive to Survive y Colapinto no cambiaron las reglas del deporte sino cómo la gente lo percibía. Cualquier marca tiene historias que no está contando. El trabajo estratégico es encontrarlas y saber cómo narrarlas.
2. El timing es parte de la estrategia
Gucci podría haber anunciado esto en enero, en febrero, en cualquier momento. Lo hizo en la previa del GP de Mónaco, con Alpine en su mejor momento deportivo, con Colapinto como figura. El anuncio es el mismo. El impacto no lo es. Cuándo comunicás es tan importante como qué comunicás.
3. El contexto amplifica el mensaje
El abandono de Räikkönen no sería una anécdota memorable si no fuera porque se subió a su yate anclado en Mónaco. Gucci en la F1 no tendría el mismo peso si lo anunciara en cualquier otra carrera. El contexto es parte del mensaje. Las marcas que entienden eso eligen con cuidado dónde y cómo aparecen.
4. El posicionamiento se construye en el largo plazo
Gucci no entró a la F1 para vender más bolsos el próximo año. Entró para construir una asociación emocional con una audiencia joven, global y aspiracional que de otro modo sería muy difícil de alcanzar. El objetivo no es la venta inmediata, es convertirse en la marca más aspiracional del mundo de la moda. Si estás pensando solo en vender más hoy, difícilmente construyas una comunidad a largo plazo.
Las 4 lecciones del caso Gucci – F1 – Mónaco – Colapinto
Ya que estamos, dejame soñar y jugar un ratito.
Me encanta contar historias y me gustaría poder ayudarte a contar la tuya.
Director de Made in Córdoba – Estratega en marketing y fanático de la F1 (desgraciadamente, tifosi del cavallino rampante).
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